Tal vez, ya mucho se
ha escrito y he leído acerca de ésta mujer pero no puedo evitarlo, su talento
me cautiva, y me encuentro, horrorizada, riendo a carcajadas, asombrada,
llorando de emoción y a veces de tristeza, y es que su pluma me hipnotiza, me
hace presa, muy rápidamente, de esas historias que puedo ver desde un lugar
privilegiado y seguro del antiguo imperio romano. Me hace testigo presencial de
la historia, del comportamiento de una sociedad que esta tan fuera de mi
alcance, a miles de años de distancia, y que a veces no logro entender.
Me enoja el segundo
plano en el que se encuentran las mujeres, como la sombra de un súper héroe,
cuyo comportamiento debe ser altruista, donde ser la sombra de un hombre
importante era el rango más alto al que podían aspirar. También me encanta la
valentía y gallardía de todos esos personajes que no se callan lo que sienten y
que luchan por ser quienes quieren ser en una sociedad de hombres, donde sus
nombres quedan aplastados por los apellidos de sus maridos.
Solo 4 novelas me he
atragantado, una detrás de otra, y una en particular, muchas veces, y no me
canso de buscar y de indagar todo ese marco que envuelve la fantasía tan
apegada a una realidad, ahora, remota. Bradshaw es una escritora de verdaderas
historias. En sus libros relata las costumbres, el comportamiento social, los
temas económicos, religiosos y culturales de una sociedad extinta y a la que
debemos muchos de nuestros avances tecnológicos.
El primer libro de
esta autora que gracias a una barata, y al poco dinero que tenía en ese
momento, cayó en mis manos, es mi amada “hallaquita” (está deshojada de tantas
vueltas de página y envuelta en pabilo para evitar perder sus hojas), El
Faro de Alejandría, es el único que tengo en físico y no sé si es por
eso que lo amo, tal vez amor sea una palabra muy grande para unas cuantas hojas
llenas de tinta pero para mí es un tesoro, mí tesoro, o tal vez sea por la
valentía de su protagonista de ser lo que quería ser a costa del mundo entero y
de ella misma, esa es la parte ficticia. En su mayoría la historia se
desarrolla en Alejandría, la vieja ciudad del conocimiento, la capital de las
ciencias, donde aun con su biblioteca arruinada por las revueltas de la época,
el conocimiento siguió teniendo su merecido protagonismo unas cuantas décadas
más.
Luego descubrí que
el libro fue un best seller, y el
segundo de una trilogía bizantina que obviamente busque y me devoré. Teodora
Emperatriz de Bizancio que reseña la historia del primer hijo de la
emperatriz, nacido fuera del matrimonio Real y antes del mismo. Relata las
costumbres puritanas de la alta sociedad, la ambición, la importancia de los
sobornos y la manipulación para conseguir lo esperado. Purpura Imperial cuenta
la historia de una tejedora a la que le es encargado confeccionar un manto
purpura y por lo que es envuelta en una maraña de sucesos, donde el “mejor” de
los castigos es ser arrebatada de su familia.
En estas historias
entendemos la importancia del color purpura en la realeza romana y la habilidad
de los poderosos y no tan poderosos para manipular el sistema y la vida de las
personas que se ven directamente afectadas, al mismo tiempo describe los
conflictos políticos, económicos, sociales y religiosos, las guerras y la
disposición de materiales usados para las distintas edificaciones, así como los
utensilios, instrumentos de música y guerra, las ropas y las telas están bien
detalladas a lo largo de las novelas, y un sinfín de cosas que he tenido que
googlear porque no he podido imaginarlas, por lo antiguo de su diseño.
Anoche, finalmente
pero no menos importante, termine de leer El Contador de Arena, esta historia
comienza en Alejandría pero se desarrolla completamente en Siracusa, cuenta la
vida de Arquímedes, si, el ingeniero amante de la geometría y prodigio de las
matemáticas. A mi parecer una historia fascinante con explicaciones matemáticas
y funcionamiento mecánico de catapultas y el caracol de agua, así como otras
máquinas que han sido de gran utilidad a lo largo de la historia.
Realizar viajes a la
mítica Alejandría, observar la luz del faro antes de tocar puerto, sus calles
abarrotadas de comerciantes, la biblioteca en ruinas, las plazas con las
imágenes de los Dioses a los que adoraban, sus divinas musas. Un paseo por el
malecón de Éfeso, cabalgar por las praderas de Mesana y navegar hasta Siracusa,
visitar Palacios y conocer personajes importantes, como los Tiranos y obispos
de la época. Desarrollar una obsesión con canciones de sirenas, de guerra y de amor,
aprender poemas latinos y conocer a Hipócrates a través de una chiquilla que curaba pajaritos y más
adelante salvó a un ejército romano.
Estos son viajes que
no necesitan boleto aéreo, sólo una visita a la
pila de libros en barata en una librería.
AnaF.

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